Archivos para loca

Situaciones presentes (II)

Publicado en amores, cuentos con etiquetas , , el Abril 23, 2008 por Rafaela

Hoy confieso.

Yo pecadora… patatín, patatán.

Y sí. He estado aprovechando mi afición renovada por el tequila para seducir a dos amigas. Esta noche (tarde noche) nos juntamos en casa. Las he dicho que tenía un brebaje que no podrían dejar de probar. Una, ella, es pequeña, con la cabeza llena de rulos y un marido que no le tira un tejo hace más de diez años, y que te lo hace saber con cada gesto. La otra es alta, de cabellera lacia, con mirada indescifrable y cuyos gestos te dicen (erróneamente) que no conoce el amor, salvo por los poemas de Pablo Neruda (me he puesto como fiera, cuando ha mencionado a Neruda, mal poeta). Pero eso ha servido para jugar un poco. La he dicho, “si, que son buenos versos pero que son demasiado simples”… Pero ella, inteligente como ninguna, me ha dicho, “Sí, pero qué tal cuando te los dicen y estás enamorada?”. Me mató.

La noche nos ha llevado, entre copa y copa, a desatar nuestros demonios. Que si eres casada, que si eres soltera… Y entonces me acordé de la película Vengo, y nos pusimos a ver el DVD que tengo en casa. Pa echármela al rincón, al final, se quedó la soltera…

Diarios cruzados, 1

Publicado en amores, cuentos, desamores con etiquetas , el Abril 14, 2008 por Rafaela

Es curioso. Sin embargo, es algo que he querido hacer pero sobre lo que no he logrado decidirme. Quizá algunas palabras afectuosas y críticas en los comentarios de un post pasado (recientemente pasado), me hayan decidido a hacerlo. Aunque, quizá también, ese impulso previo que había en la declaración. Sea como sea (aunque agradezco mucho a quien hay que agradecer, la decisión), transcribo algunas líneas de mi diario íntimo actual, cruzado con esta especie de diario público que es una bitácora.

9 de abril

Creo que he tomado demasiado tequila desde el medio día. Creo que estoy un poco borracha porque tengo las mejillas coloradas y calientes. Veo que mi letra se inclina demasiado mientras escribo, aunque no acierta a [ilegible]. Me fastidia no tener un control abosluto (he querido escribir: absoluto) de los movimientos de mi puño. El caso es que te recuerdo, cuando no debía ni siquiera saber que existes.

¿Por qué me robaste la mirada aquella tarde de septiembre, mientras tomábamos un café? Con mi mirada te robaste algunas otra cosas. Pero sé que no debo decírtelo, sé que no debo darte pié al más mínimo regodeo de tu poder sobre mí. Porque no lo tienes.

Sé que eres una persona utilitaria. Sé que me usaste, no sólo aquella tarde, sino durante los cuatro días en los cuales estuvimos juntas. Sé que cada gesto tuyo, cada mirada, cada palabra, tenía la intención de hacerme un instrumento de tu desesperación. Sobre todo, la última noche en la que yo, estúpida, hice todo lo posible para crear un espacio en el cual no pudiesen molestarnos. Y ahí, como dice una frase que he aprendido actualmente en México, “sacaste el cobre”.

Las días anteriores habíamos salido. A comer, a cenar, a tomar algo. En medio de todas las actividades. Tú me lanzabas miradas con inteligencia, miradas furtivas, miradas provocadoras. Ponías tus manos cerca de las mías sobre las mesas, y al menor contacto las quitabas, sólo para volverlas a poner a mi alcance. Tus rodillas buscaban mis rodillas, solamente para hacerse a un lado cada vez que sentías la presión de mi gesto. ¿A qué estabas jugando?

La noche del tercer día salimos como de costumbre. Te llevé a ver cosas que acababa yo de descubrir en una ciudad donde nunca había vivido, sus barrios más hermosos, sus calles más tradicionales. Caminamos con los brazos entrelazados, bajo la llovizna, para poder caber ambas bajo el paraguas (no por otra cosa). Sentía sobre mi brazo la contundencia de tu seno, y ello me electrizó. En el parquecito aquel, me hablaste de tu novio italiano y tus proyectos de matrimonio. Yo te escuchaba impávida, mientras mis dedos se entrelazaban con los tuyos. Teníamos frío. Estábamos mojadas por la constante lluvia. Recuerdo que te hice una pregunta indiscreta, acerca de tu relación con tu italiano. Recuerdo que no me la contestaste y que, en cambio, te estrujaste contra mi abrazo. El vigilante de la plaza nos sacó de nuestro ensimismamiento. Caminamos hacia el auto, tomadas de la mano.

Solamente al subir, me llamaste por mi nombre. Y dijiste algo que no entendí mientras acercabas tu rostro al mío, solamente para besarme con un beso como el que nunca había recibido en mi vida. Me dejaste paralizada; con la boca ardiente. Nunca nadie me había besado así. Pensé que estaba mal porque tenías a tu novio italiano. Pero algo en mi interior deseaba que tu beso hubiese sido una forma de olvido. Nunca entenderé.

Te dejé en el hotel donde te hospedabas. Cuando subiste a tu habitación, lanzándome una mirada de “tengo sueño”, me acerqué a la administración para reservarme una habitación para la noche siguiente, tu última noche en esta ciudad. Quería no solamente darte una sorpresa, sino decirte que conmigo no se juega. Pasó aquel día.

Nos vimos, como era de esperarse, en las labores de las reuniones. Te invité a cenar. Estabas más seductora que nunca. Pasaron muchas cosas hermosas en la cena. Pedimos vinos, postres… de pronto hubo que irse. Al llegar a tu hotel te dije que tenía una habitación ahí mismo. Y me dijiste que estabas demasiado cansada y que el resto de la gente con la que venías podría estar al tanto. Subimos juntas por el ascensor y decidiste quedarte en el piso de mi habitación. Te invité a pasar y tú me dijiste que tenías que hablar conmigo para dejar ciertas cosas claras. Nos besamos en la boca nada más entrar, y te quedaste petrificada. Las siguientes horas me dediqué a besarte y acariciarte todo el cuerpo mientras que tú seguías en una especie de parálisis. Recuerdo que te desnudé poco a poco, y te besé poco a poco, todo el cuerpo, poco a poco.

Llegado un momento, me hiciste a un lado y te comenzaste a masturbar sin dejarme tocarte. Me prohibiste tocarte, solamente dejaste que te mirara. ¡Con las ganas que yo tenía de seguir besando donde te tocabas! Ahora mismo, recuerdo ese sabor tuyo. Pero no me dejaste. Al contrario, llegado un momento, me tiraste de espaldas y metiste tu cabeza entre mis piernas, sólo para arrancarme los dos orgasmos más maravillosos de mi existencia. Pero cuando te quise abrazar y acariciar recíprocamente, huiste. Te vestiste y saliste rápidamente de la habitación dicíendome que no se lo contase a nadie. Me dejaste en el medio de una situación existencial en la cual llevaba yo todas las de perder. Y así fue. Cuatro años después no he podido tener una pareja, simple y sencillamente porque tu locura de aquella noche me impide ser una persona normal.

¿Por qué tengo que esperar a tomarme unos tequilas para escribir esto sobre ti?

Y eso es todo. O parte. NO sé el porqué tengo que decirlo aquí. Pero funciona de alguna manera.

Situaciones presentes (I)

Publicado en desamores con etiquetas el Abril 9, 2008 por Rafaela

Hace tiempo que no entraba en este lugar. Pero así soy: sé que lo que no vivo todos los días en carne propia, bajo el sol de la calle o en la vorágine del trabajo, es algo a lo que no le hago caso. Si, es cierto, tengo mi Diario desde los años más recónditos de mi adolescencias (de los cuales no quiero ni acordarme). Pero escribir un blog me cuesta trabajo, me da, no pereza, sino que más bien no se me da.

No hay nada parecido a llegar una a casa, después de un día de ajetreo y cosas buenas y malas, y darse una ducha, cenar algo ligero, y abrir esa libretita de papel fino y forrada en cuero del mejor en donde puedo expresarme con mi Mont Blanc por herramienta, haciendo correr la tinta a través de los gestos de mi mano (y me acuerdo de que, alguna vez, leía a un filósofo llamado Vilem Flusser que escribió sobre los gestos, y nunca le perdoné no contemplar el gesto de escribir con una pluma de tinta en toda forma). Eso sí, es algo que hago casi todos los días. Ducharme y cenar, sobre todo; pero también abrir mi Diario y escribir sobre sus hojas. Casi. Pero es que las diversas libretas y cuadernos que componen lo que podríamos llamar mi “Diario”, son cosas tangibles, que puedo tocar, que me dan placer al tacto, sobre las que me puedo extender sin tapujos porque sé que las guardaré, como desde hace años, celosamente en un cajón secreto que queda en la base de madera de mi cama.

Sin embargo, esto de los blogs es tan diferente. No lo entiendo. Como editora de libros (ex-editora de libros, por las rutas que está adoptando mi existencia el día de hoy), comprendo que los Diarios son cosas que se publican ex post. Me explico. Debe pasar algún tiempo, y debe darse la cualidad de que la persona que escribió un Diario sea alguien quien escribió otras cosas y que nos hace necesarios (a veces, lo confieso, en simple plan mercadotécnico) desear que se publiquen sus diarios. Algo así como lo que está sucediendo ahora mismo con los diarios que se publican en Letras Libres de Salvador Elizondo (un escritor mexicano, ya fallecido, con quien alguna vez coincidí en una cena y que era el padre de una fotógrafa -Pía- que conocía bien un primo lejano mío, mexicano también él, y fotógrafo). Estos Diarios de Salvador Elizondo se hacen consumibles porque él mismo resulta una figura un tanto paradójica y controversial en las letras mexicanas contemporáneas. Pero creo (y no sé si con esto ofenda a Paulina Lavista), que Elizondo no hubiese querido que sus diarios fuesen conocidos de esa manera fragmentaria. Pero bueno, esta discusión no es para ello, sino por otra cosa. Y la otra cosa es que no creo, en serio, que publicar cotidianamente en un blog las cosas de la vida de una sea algo que tenga sentido, así, a la vista de todos.

Por ejemplo. Hoy, para mí, es un día memorable. ¡Pero a quién le importa! Es memorable en el sentido de que descubrí (finalmente) el tequila, y que me he emborrachado atrozmente por primera vez desde que llegué a México. ¿A alguien le importa? No. No lo creo. Pero eso es algo que he escrito con detalle en mi bello cuaderno personal e íntimo puesto que para mí este estado (por no hablar de las demás cosas que pasaron), es una mezcla de cosas importantes. Pero no es algo que pueda venir a escribir en un blog y dejar a la vista de cualquier persona.

Entonces, mi blog y yo, adolescemos de esquizofrenia.