Situaciones presentes (I)

Hace tiempo que no entraba en este lugar. Pero así soy: sé que lo que no vivo todos los días en carne propia, bajo el sol de la calle o en la vorágine del trabajo, es algo a lo que no le hago caso. Si, es cierto, tengo mi Diario desde los años más recónditos de mi adolescencias (de los cuales no quiero ni acordarme). Pero escribir un blog me cuesta trabajo, me da, no pereza, sino que más bien no se me da.

No hay nada parecido a llegar una a casa, después de un día de ajetreo y cosas buenas y malas, y darse una ducha, cenar algo ligero, y abrir esa libretita de papel fino y forrada en cuero del mejor en donde puedo expresarme con mi Mont Blanc por herramienta, haciendo correr la tinta a través de los gestos de mi mano (y me acuerdo de que, alguna vez, leía a un filósofo llamado Vilem Flusser que escribió sobre los gestos, y nunca le perdoné no contemplar el gesto de escribir con una pluma de tinta en toda forma). Eso sí, es algo que hago casi todos los días. Ducharme y cenar, sobre todo; pero también abrir mi Diario y escribir sobre sus hojas. Casi. Pero es que las diversas libretas y cuadernos que componen lo que podríamos llamar mi “Diario”, son cosas tangibles, que puedo tocar, que me dan placer al tacto, sobre las que me puedo extender sin tapujos porque sé que las guardaré, como desde hace años, celosamente en un cajón secreto que queda en la base de madera de mi cama.

Sin embargo, esto de los blogs es tan diferente. No lo entiendo. Como editora de libros (ex-editora de libros, por las rutas que está adoptando mi existencia el día de hoy), comprendo que los Diarios son cosas que se publican ex post. Me explico. Debe pasar algún tiempo, y debe darse la cualidad de que la persona que escribió un Diario sea alguien quien escribió otras cosas y que nos hace necesarios (a veces, lo confieso, en simple plan mercadotécnico) desear que se publiquen sus diarios. Algo así como lo que está sucediendo ahora mismo con los diarios que se publican en Letras Libres de Salvador Elizondo (un escritor mexicano, ya fallecido, con quien alguna vez coincidí en una cena y que era el padre de una fotógrafa -Pía- que conocía bien un primo lejano mío, mexicano también él, y fotógrafo). Estos Diarios de Salvador Elizondo se hacen consumibles porque él mismo resulta una figura un tanto paradójica y controversial en las letras mexicanas contemporáneas. Pero creo (y no sé si con esto ofenda a Paulina Lavista), que Elizondo no hubiese querido que sus diarios fuesen conocidos de esa manera fragmentaria. Pero bueno, esta discusión no es para ello, sino por otra cosa. Y la otra cosa es que no creo, en serio, que publicar cotidianamente en un blog las cosas de la vida de una sea algo que tenga sentido, así, a la vista de todos.

Por ejemplo. Hoy, para mí, es un día memorable. ¡Pero a quién le importa! Es memorable en el sentido de que descubrí (finalmente) el tequila, y que me he emborrachado atrozmente por primera vez desde que llegué a México. ¿A alguien le importa? No. No lo creo. Pero eso es algo que he escrito con detalle en mi bello cuaderno personal e íntimo puesto que para mí este estado (por no hablar de las demás cosas que pasaron), es una mezcla de cosas importantes. Pero no es algo que pueda venir a escribir en un blog y dejar a la vista de cualquier persona.

Entonces, mi blog y yo, adolescemos de esquizofrenia.

4 comentarios para “Situaciones presentes (I)”

  1. Rafaela, a mi me gustaria que escribieras sobre tu experiencia con el tequila, y en cuanto a no hacerlo publico, pienso, no viene al caso puesto que tu eres Rafaela con mascara y una foto de una mujer que no eres y y te gustaria ser…

  2. Tienes razón, Javiera, en la cuestión de lo público y la identidad. Pero concédeme el recurso retórico para poder hablar de la esquizofrenia… si no, como que no tenía forma de introducir el tema.
    Y del tequila (y otras cosas) claro que escribiré.

  3. [...] Canasta de cuentos Mi blog relajado « Situaciones presentes (I) [...]

  4. Coincido con Rafaela, creo que un Diario (con mayusculas) no puede ser parte de mas de lo mismo, cayendo en esa suerte de confesionalismo publicitario; como tampoco confundir un Diario personal con un blog. Quizas teniamos algo que decir antes de saltar, pero no queremos estar ahi cuando lo lean.

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